Cervecería La Marina

La siguiente entrada fue escrita hace más de cinco años así que es probable que esté desactualizada.

Nuestra tortilla número 200 bien merece que abramos un melón: el mundo de las intolerancias. No, no hablamos de esos señores serios en las tertulias que no aceptan que la gente tenga rastas o que se bese por la calle. A esos ni agua. Hablamos de que muchos de nosotros y de vosotros no podemos comer todo lo que queremos. Realmente nadie puede comer todo lo que quiere: nuestra salud no nos lo permitiría y nuestro cuerpo aun nos tiene que llevar a muchos sitios. Pero algunos, además de llevar una dieta equilibrada normal, tienen prohibidos ciertos alimentos porque les hacen más daño. Hablamos de la celiaquía, de las alergias, de las intolerancias (que no son lo mismo). Suerte tenemos en este proyecto que por norma una tortilla se compone de elementos simples y que no suelen sentar mal: huevo, patata, aceite y sal. Pero es una falacia pensar que las personas con alguna intolerancia pueden comer tortilla donde quieren. Pues desgraciadamente no. Hay que tener mucho cuidado al cocinar: el chorrito de leche que se le echa a la tortilla para que esté esponjosa puede hacer pasar más que un mal rato a un intolerante a la lactosa y desde luego que freir las patatas donde las croquetas como mínimo va a destrozar durante unos días el sistema digestivo del celíaco. Hasta chantar el trozo de pan encima de la tapa puede traer cola. Nosotros, que somos de buen comer, nos duele especialmente que la gente no pueda comer lo que quiera dentro de sus intolerancias así que nos alegramos sobremanera cuando conocemos un bar que tiene especial cuidado con los alérgenos, no solo informando, a lo que les obliga la ley, si no mostrando que conocen el problema y que ponen todo de su parte para que la gente con una intolerancia alimenticia pueda pasar el rato más agradable y tranquilo en sus establecimientos sin miedo o directamente sin sufrir grandes males los días venideros. Hosteleros del mundo ¡uníos! Sabemos que a veces os damos caña y otras veces os queremos mucho, pero nos hariais un favor a todos si os pusierais en serio con este tema y le facilitarais la vida (y mejorarais vuestros negocios) estando pendientes de tener cuidado con estas cosas. Afortunadamente hoy os traemos una crítica de la Cervecería La Marina, un sitio ejemplar en este aspecto, algo que para nosotros, hasta para los que podemos «comer de todo», hace que sume muchísimos puntos.

Aspecto: Recien hecha, algo morenita-muchachita, de buena pinta.
Jugosidad: Echamos de menos que prescindiera de la crujicórtex pero por dentro estaba bien jugosa y permitía el mojeteo.
Sabor: Llegó caliente y recién hecha con el borde algo tostado y el interior jugoso. Curioso punto de sal, con la patata no muy hecha. Esta tortilla no es una obra de gourmet, es la típica tortilla estándar y rica que se hace excelente por más factores. Imposible disgustar.
Tamaño: Muy aceptable para ese precio, imprescindible que sea una de las raciones que se piden.
Precio: Muy baratos 3,80€.
Otras observaciones: Barato. Rápido. Buen pan. Pero lo que de verdad nos sorprendió fue el trato excelente en este caso a una persona celíaca. Todos los platos adaptados, incluso los más difíciles. Información en todo momento. Mucho cuidado a la hora de servir, avisando de como iban a traer los platos y por qué lado, tapando el pan para que no volasen miguitas y demostrando que a día de hoy puede que sean uno de los mejores sitios de A Coruña (si no el mejor) en los que puede ir a comer o cenar alguien con una intolerancia. Inmejorable, de verdad.

Y el veredicto es…

Nota final: Sabéis bien que en la experiencia tortillera influyen muchos factores. Este es un claro ejemplo de ello. Lo que es una tortilla normal, sabrosa y jugosa por dentro pero sin ser un sobresaliente, acaba sumando puntos por precio, tamaño y sobre todo servicio. Al final la tortilla y la Cervecería La Marina dejan en la Dársena un 8.2/10.
Lo mejor: Lo ya comentado, un servicio de excepción y más para gente con intolerancia, buen precio y tamaño.
Lo peor: La corteza, una tortilla menos hechita por fuera podría coquetear con el sobresaliente.

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La Cervecería La Marina está en el Callejón de la Estacada en el número 10.

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